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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 18/04/2019 - 10:37 AM

[EDITORIAL] La historia lo juzgará


Alan García se suicidó y no enfrentó a la justicia. Muchos lo toman como un héroe, otros como cobarde.

Este titular puede ser un lugar común cuando Alan García Pérez cumple un día de haber tomado la determinación fatal de acabar con su vida por mano propia. Pero en esta hora en que se encuentra muy fresco el impacto que ocasionó su suicidio, es menester recurrir a la difícil objetividad como el mejor filtro de lo que ha sucedido.

Juzgar un suicidio es delicado y hasta irresponsable. Poner las cosas en blanco y negro resulta poco serio. La acción tomada por el dos veces ex presidente de la República está llena de matices, claroscuros y frescos, que serán materia de análisis en los próximos días.

Sin embargo, en el Perú caótico de hoy, donde la impulsividad y al griterío se impone con facilidad a la serena reflexión, exacerbados por las redes sociales (el nuevo tribunal de facto), es muy probable que se acrecienten, disminuyan o se consoliden varias leyendas y mitos.

La más recurrente y hasta facilista es la aseveración de que su decisión final fue un acto de heroísmo o de cobardía. Tendríamos que estar metidos en su cabeza para determinarlo. Nadie, ni las personas de su círculo más íntimo, podrán responder a ciencia cierta qué fue lo que pasó por su mente al momento de tomar la trágica determinación de dispararse.

Lo cierto es que la acción penal individual se extingue, como han apuntado acertadamente juristas y especialistas en Derecho Penal, pero el investigado no era solamente Alan García. Dentro del mismo proceso, lo eran también el ex presidente de Petroperú, Miguel Atala, y el ex secretario de la Presidencia de la República durante el segundo alanato, Luis Nava, así como el hijo de éste. Todos ellos son los presuntos receptores de las supuestas coimas que revelaron haber pagado los funcionarios de Odebrecht.

No obstante, al haber fallecido García, estas personas ya no lo podrán delatar ni pedir algo a cambio de esto. Es muy probable que, apenas se determine la responsabilidad de ellos, dentro de un proceso limpio y justo, podamos determinar asimismo qué grado de responsabilidad le hubiera correspondido al fallecido ex presidente.

Más allá de todo esto, nos reafirmamos en nuestro temperamento de que existe un uso desmedido y facilista, y por lo mismo irresponsable, de los mandatos de detención preventiva. No es justo detener a una persona, exponerla al circo que hace una sociedad sedienta de sangre y de morbo, para luego dejarla salir de prisión. Si este fuera otro tipo de país, donde las pasiones y los odios estuvieran más aplacadas, y donde funcionara un sistema de justicia aceptable, alguien agraviado en su honor podría demandar al Estado con reparaciones millonarias.

No decimos que eso es lo que debería haber hecho García, como tampoco ponemos las manos al fuego por él ni por nadie. Personaje controvertido y controversial, lleno de virtudes y de defectos, mejor dejemos que el Perú racional y objetivo haga su labor historiográfica, sin convertirlo en héroe o víctima, ni tampoco en el mártir de una democracia que no fue. Simplemente, la historia lo juzgará.

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