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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 22/01/2021 - 11:00 AM

[Opinión] El poder del ejemplo, por Juan Vásquez


Falto de sensibilidad, sobre todo de ecuanimidad, un furibundo Congreso presidido por Merino y luego por Valdez, torpedeó desde el inicio la política sanitaria del defenestrado Vizcarra, durante la primera ola del virus.

Dejar de lado la política y enfrentar la mortífera pandemia como una nación. Lideramos no sólo por el ejemplo de nuestro poder, sino por el poder de nuestro ejemplo. Estas dos potentes y dramáticas frases sintetizan las principales preocupaciones de Joe Biden, quien el miércoles 20, en su ceremonia de investidura como presidente de los Estados Unidos, cerró la era Trump. A decir verdad, esa es la ruta que debería encaminar un sensato y translúcido Jefe de Estado o cualquier político que se irrogue poder de convencimiento. En el caso de Trump no fue así. Éste, salió de la Casa Blanca como un apestado y con un horroroso saldo cercano al medio millón de personas fallecidas por la COVID-19, escalofriante cifra superior a todas las guerras en que estuvo inmerso Estados Unidos desde 1953. La espeluznante diferencia es que aquí los fallecidos son civiles, no militares. En Perú, hasta el jueves 21, la cifra oficial de muertos fue de 39, 044, pero, desde setiembre del año pasado, el subregistro alertado por medios nacionales y extranjeros era que los muertos por coronavirus superaban el total de peruanos asesinados en época del terrorismo (1980-2000) que, según la Comisión de la Verdad, alcanzó a 69, 280 personas. Sin embargo, detrás de una glacial montaña de guarismos que se apilan diariamente, existen irreparables dramas personales y familiares que poco importa a muchos políticos. Eso explica la turbiedad congresal del último año, asociada a la parálisis del Estado, en la era Sagasti, que han potenciado el cansancio y desasosiego en medio de la peste inmisericorde. La clase política, sinónimo de poder, tanto en Estados Unidos como en Perú, enterró el pico cual avestruz. No hicieron suyo el drama nacional. Falto de sensibilidad, sobre todo de ecuanimidad, un furibundo Congreso presidido por Merino y luego por Valdez, torpedeó desde el inicio la política sanitaria del defenestrado Vizcarra, durante la primera ola del virus. Ahora, con nuevo inquilino en Palacio de Gobierno, la epidemia nos arrincona en segunda ola porque perdimos tiempo arañándonos en lugar de comprar vacunas. Hasta en ese detalle Chile nos lleva la delantera. ¡Ay, Dios! ¿Por qué nos diste una clase política que sólo piensa en sus bolsillos, antes que en la nación? ¿Por qué apañas la sordidez de quiénes ejercen el poder?


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