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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 27/06/2020 - 02:59 PM

[Opinión] Ojos que no ven, por Cecilia de Orbegoso


Generalmente me preguntan ¿extrañas Perú? y además de tener la suerte de poderlo visitar frecuentemente, siempre contesto, ¡cómo lo voy a extrañar si siempre y sin darme cuenta lo tengo al frente! No hay ningún momento en que lo sienta ausente.

Hace poco viendo por enésima vez Downton Abbey (mi drama favorito por excelencia, situado alrededor de 1920) escuché a la aristocrática Lady Mary Crawley refiriéndose a oficios extraños con los que había tenido el gusto de encontrarse y poniendo de ejemplo a un señor que dedicaba su tiempo a importar cuyes de Perú. Luego, cambiando los llantos por las risas y viendo (para variar por enésima vez) el diario de Bridget Jones, hacia el final de la película noté que fue nadie más que un diplomático peruano el que interced en una discusión entre ella y el guapo Mark Darcy con el propósito de que ésta, de una vez por todas, pudiera soltarse de ese gran peso que le estaba generando la soltería. Mientras ponía pausa y hacía un refill de mi bowl de cancha, no pude sacarme de la cabeza la sensación de que, efectivamente, habían sido varias las veces que sentía a Perú presente en la cultura (por lo menos contemporánea) inglesa.

Siguiendo con la lista, hace menos de un año, en un tour que hice con 8 compradores británicos con el propósito de promover al Perú, una de las asistentes llevó consigo un peluche del Oso Paddington. Yo, al haber estado varios años aquí, un poco sabía de la importancia del personaje, pero nadie me creía cuando les contaba que en Perú son pocos los que saben de la existencia de ese oso. En ese preciso instante, como prueba fulminante de mi argumentoy dado que el oso en ese momento acaparaba el protagonismo en mi Instagram, mi mama me comentó en una foto “amor lindo, ¿Qué es ese osito?” ya que no podía más con la curiosidad. Aquel es un osito que llega a Londres desde el "más oscuro y recóndito Perú" (Darkest Perú) cuando su tía lo envía a Inglaterra para hacer de polizón. Al llegar a Londres, el osito se ve metido en todo tipo de líos, pero, como buen peruano, siempre encuentra la forma de voltear las cosas a su favor. Sin embargo, así como yo, quien nunca había escuchado de ese reconocido compatriota hasta que me mudé a Londres, creo que son pocos los latinos que lo hubieran podido reconocer antes del estreno de su aclamada película.

El oso tan famoso y querido, pero ya no tan joven, cumplía 60 años, y la Embajadora Peruana había organizado un cocktail en su honor en su casa. Una vez ahí ella nos contaba a todos los asistentes sobre su reciente visita al palacio de Buckingham para recibir sus credenciales de mano de la reina. La anécdota de esa tarde había sido enterarse de algo que muchos no sabían. Después de haber cumplido con el protocolo y saludar a la reina con la respectiva reverencia, esta muy amablemente le preguntósi en su casa seguía conservando el piano de la sala. Dicha casa, donde estábamos todos los presentes y que es hogar del Embajador en cargo, había sido hogar también de su tía Enna (Victoria Eugenia de Battenberg) y ella recordaba con mucho cariño sus tardes de infancia en Porchester Terrace, para visitar a su tía y de paso tomar el té.

Rápidamente me fui dando cuenta que ser peruano se había vuelto un activo por excelencia. No había vez alguna que, en migraciones de los aeropuertos, el oficial de turno muy educado me diga “wow, peruvian” y luego me cuente de su reciente viaje a Machu Picchu, o de aquella vez que se quedó prendado de la comida peruana. Y claro, el posicionamiento de esta última en la capital británica era sorprendente. Uno de los restaurantes que promete a los londinenses darles a probar el sabor a Perú, es a la vez uno de los más posh y trendy. También, el reconocido reality "MasterChef UK" dedicó su semifinal a lo mejor de la comida peruana, llevando a sus finalistas a Lima para que “en locación” muestren sus habilidades en la cocina peruana. Yo, para variar en otra, me enteré de este programa por mi buen amigo portugués Luis, quien emocionado me contaba los detalles de la transmisión. La siguiente vez que lo vi, le llevé de regalo un libro de comida peruana y él, muy agradecido, no podía contener su emoción.

Ya hablando de temas mas “espirituosos”, el famoso “spirit of Perú”, el pisco, se hacía cada vez más presente a través del pisco sour en cuanta carta de bar o restaurante con la que yo me encontrara. A pesar de que en este país, por volumen se venda más de su competidor proveniente de Chile, poco tenía que hacer yo para defender su procedencia.

Recuerdo incluso como hace poco, un amigo de Santiago que estaba de visita me dijo que lo acompañe a cenar. Y mientras esperábamos la mesa, sentados en el bar viendo las botellas de pisco al frente, no pudo contenerse en asegurar que el suyo era el mejor. Como por arte de magia se metió en la conversación un hombre sentado junto a nosotros, quien era dueño de un restaurante en Barcelona y con orgullo nos contaba que era de comida peruana y de cómo el pisco sour causaba furor. A mi amigo esa noche las cartas no le jugaron a su favor, ya que después de terminada la conversación el barman sirv a cada uno un pisco sour y, al preguntarle con que pisco estaba hecho, nos dijo “Con el correcto y el único. No solamente soy peruano, sino que en materia de destilados también soy experto”.

Algunos días después, el que era en ese momento mi jefe nos dice a mi amiga Joanna y a mi si queríamos cruzar la calle a Harrods para tener una cata de Café, la que estaría a cargo de Bartz, el encargado de compras de absolutamente todo el café de la famosa y lujosa tienda. Bartz, quien además de ser polaco, era también ferviente amante del café peruano, no podía resistirse a que sus últimas adquisiciones sean catadas por un paladar “peruano”. Joanna y yo poco sabíamos de café, pero con tal de salir un rato de la oficina, nos hacíamos las expertas. De todas sus explicaciones, pocos detalles quedaron guardaron en mi memoria, pero lo que sí hasta hoy me sigue dejando boquiabierta fue escuchar que tenía clientes que estaban dispuestos a pagar más de 70 libras por taza.

Nuestro querido anfitrión polaco, con ganas de seguirla (y también de meter letra) nos invitó a un club polaco en el medio de South Kensington. Después de invitarnos lo mejor de su vodka y con orgullo tratar de enseñarnos a decir Na zdrowie (salud en su idioma, y frase que ambas sabíamos pronunciar muy bien), nos dio un paseo por el emblemático club, y oh sorpresa la nuestra cuando en una de las salas vimos la foto de un reconocido conde polaco junto a su esposa peruana. No pude evitar pensar que cuanto más lejos he estado físicamente, más veces he tenido al Perú presente.

Generalmente me preguntan, ¿extrañas Perú? y además de tener la suerte de poderlo visitar frecuentemente, siempre contesto, ¡cómo lo voy a extrañar si siempre y sin darme cuenta lo tengo al frente! No hay ningún momento en que lo sienta ausente.  

Sin embargo, no pude evitar preguntarme ¿Por qué es que es más fácil para otro ver lo bueno en nosotros? ¿Será que el hecho de estar en contacto tan cercano nos vuelve insensibles a lo que para otros es impresionante? y me quedé pensando en las veces en las que uno se queja de ser peruano, ¿será entonces que, “desafortunadamente no puedes ver lo que yo veo” sea lo que conteste un británico?



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