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Jorge Clavijo Correa es periodista y escribe todos los miércoles.

Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 21/08/2019 - 11:07 AM

[OPINIÓN] De víctimas a delincuentes, por Jorge Clavijo


Casi el 100% de detenidos por intentar ingresar drogas a los penales del país son mujeres.

Hay un tipo de violencia de género que pasa desapercibida porque tiene un matiz de delito: el uso de mujeres para el ingreso de drogas a los penales. Las burrier se juegan su libertad por nada lógico y por el simple hecho de obedecer a sus parejas, los reos destinatarios de la pasta básica de cocaína o marihuana que es acondicionada en un preservativo e introducido en los genitales de la fémina para burlar los controles del INPE. No se trata de morbo, sino de obedecer.

Las mujeres que fueron utilizadas para este delito y que hoy están tras las rejas tienen un común denominador: fueron víctimas de violencia física y psicológica por parte de sus parejas, quienes fueron condenados por delitos ajenos a la violencia familiar. Sin embargo, ellas arriesgan su libertad como una muestra suicidad de sumisión y, en los casos más descabellados, de amor y respeto al ser amado. Los sentimientos menguan la razón.

Estela (nombre ficticio para proteger la identidad de agraviada) sabía que todo estaba perdido. En la sala de control del penal de varones El Milagro de Trujillo, los custodios – casi todos mujeres - le ordenaron que se sentara en cuclillas. A los pocos segundos, el preservativo repleto de droga cayó al piso. Los agentes haciendo gala de su efectividad, sonríen ante una escena común. A Estela se le estruja el corazón al pensar que sus hijos transitarán de la niñez a la adolescencia con sus padres en prisión: él por robo agravado y ella por tráfico de drogas. En su primera manifestación miente para encubrir a la persona que la contactó y se auto-culpa diciendo que ella se ofreció para el “pase” de pasta básica de cocaína a cambio de S/. 80. Horas después, Estela, de 28 años, madre de gemelos, es un mar de llanto y entre balbuceos confianza que la llamaron desde la cárcel y que por orden de su pareja le dieron instrucciones. Sólo tenía que obedecer, caso contrario se atendría a las consecuencias.  La venta de drogas y otros artículos prohibidos es un negocio muy rentable en las celdas.

Este es el lado B de un delito que sólo involucra a mujeres. Casi el 100% de detenidos por intentar ingresar drogas a los penales del país son mujeres y casi el 100% tenía la misión de entregar la droga a sus parejas, siempre con la complicidad de terceros. Desafortunadamente, las miradas de auxilio a quienes sufren de violencia de género está enfocada en el mundo de los libres sin tomar en cuenta que cientos de mujeres se convirtieron en delincuentes empujadas por la violencia, en nombre del amor y por asegurar un techo y un plato de comida para sus hijos (dependencia económica al agresor). Es hora que el Ministerio de Mujer incluya a las cárceles de mujeres en su programa para mitigar los efectos de la violencia de género y tomar en cuenta a las parejas de los reos a fin de evitar más historias como la de Estela, quien debe esperar cuatro años más en prisión para recuperar su libertad. 


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