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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 18/07/2020 - 04:34 PM

[Opinión] La pandemia del amor, por Natalia Navarro


A quienes lo pasamos con la familia y “nunca tenemos tiempo” para ellos ahora hemos tenido -o seguimos teniendo- esa ocasión de compartir, de conocernos mejor, de amarnos más.

Me despierto a la hora acostumbrada y tiendo mi cama. Me lavo, me cambio. Me preparo un café. Calentito. Otro para mamá. Una tostada con palta fuerte madurita que se deja untar más suave que la mantequilla. ¿Dormiste bien? Cuéntame lo que soñaste. Papá se despertó a la media noche, algo le preocupa. Con esta pandemia hemos perdido a la abuela y ese vacío insondable nos sigue inquietando. Le doy un abrazo. Oramos todos en la mesa. Tomamos el desayuno juntos, conversamos de nuestros planes del día. Limpiamos la cocina y cada uno va a sus quehaceres. A la oficina nunca llegué más rápido. De la cocina a la mesa del comedor, ahora escritorio formal de trabajo hay uno, dos, tres pasos. Antes habría salido con una fruta en la mano y té en el termos. Apenas un beso volado para todos y a esperar el micro que “chapo al vuelo” rogando que no esté reventando de gente. Eso ha cambiado. Con los auriculares nadie se entera del reporte financiero de fin de mes, de las pérdidas de la empresa, de mis deadlines. Cinco pe eme y el informe está listo. Clic en enviar y hasta mañana. El estrés se maneja con una infusion de kión y canela. Mamá se sienta junto a mi lado de rato en rato y me cuenta sus pensamientos. Mi salario se ha reducido en 50% pero aún mantengo mi trabajo. De todas formas, no gasto en almuerzo fuera y transporte. Hace meses que no voy a un peluquero ni uso una gota de maquillaje. Hemos aprendido a cortar pelo en casa y a pintar canas. Y me siento más linda que nunca. El amor de mi familia es mi mejor tratamiento estético.

Casi medio millón de familias en el mundo y más de 11,000 en el Perú – según las cifras oficiales- han perdido lo más importante e irremplazable: nuestros seres queridos. Padres, madres, hijos, amigos, personas amadas que se fueron. Aún nos cuesta creer que no los veremos más. Para quienes quedamos por aquí, la pandemia nos hizo perder nuestros trabajos, nuestros emprendimientos, nuestros ingresos y nuestra estabilidad. Nuestras vidas como nos enseñaron a vivirlas, nuestros pasatiempos, nuestras actividades favoritas. Nuestros sueños se han visto postergados o evaporados. Y nos hemos encontrado sin saber qué hacer. Por todo eso hemos sufrido, hemos llorado, y también, nos hemos levantado porque “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y “no hay mal que por bien no venga”. Así lo decía mi abuelita que me arrebató esta pandemia y yo me despierto cada día escuchando sus palabras como un aliento vital para seguir adelante. 

A pesar de todo lo que nos quitó, la pandemia también nos ha dado uno de los bienes más preciados y escasos: tiempo. Acaso el paro forzado de la cuarentena y la distancia social nos ha servido para reflexionar. A quienes lo pasamos con la familia y “nunca tenemos tiempo” para ellos ahora hemos tenido -o seguimos teniendo- esa ocasión de compartir, de conocernos mejor, de amarnos más. Un simple pero tan valioso momento como tomar los alimentos diarios junto a ellos es un lujo de abundancia universal. Su compañía no tiene precio.

Ahora los chicos estudian desde la casa, muchos trabajamos desde nuestros comedores, o nos estamos “reinventando”, capacitándonos, buscando nuevas oportunidades. Si tú me lees, es porque cuentas con acceso a la información, un periódico, internet y un dispositivo. Aprovéchalo al máximo, eres uno del 56.5% que tiene acceso a internet en la región de la Libertad INEI (2018), y del 51.2% en el mundo (Unión Internacional de Telecomunicaciones 2018).

En este tiempo tan extraño y convulsionado, aprovecha a gozar de la mejor compañía que siempre tendrás: tú mismo y si tienes la suerte, tu familia, la de sangre o la escogida por la vida. A soñar y a concretar tus sueños, así esto tome mucho tiempo y esfuerzo. Dicen que es tiempo de reinventarnos. Sí, hagámoslo. E inventemos algo más: hagamos que la próxima pandemia sea el AMOR


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