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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 21/08/2019 - 09:45 AM

EDITORIAL: En defensa de la ciudadanía


Los pasajeros del transporte interprovincial se encuentran desprotegidos ante el peligro de ser asaltados.

El desenlace fatal del asalto con toma de rehenes a un ómnibus en el puente de Niteroi, en Rio de Janeiro, perpetrado por un delincuente, nos hace recordar la indefensión a la que se ven sometidos los pasajeros del transporte interprovincial y urbano en La Libertad, víctimas frecuentes de los malhechores que actúan con impunidad.

El criminal brasileño fue abatido de certeros disparos que efectuó un francotirador de la policía militar, quien no dudó en eliminar lo porque ponía en riesgo la vida de los aterrorizados pasajeros. Luego de matarlo, se comprobó que el delincuente portaba un arma de juguete, algo que nadie distinguió.

Sin embargo, nadie tampoco podía afirmar que no se trataba de un arma de fuego verdadera. El delincuente actuó con conciencia de lo que hacía, arriesgando su propia vida, y terminó muerto por su temeraria y peligrosa conducta. Acá, mientras tanto, un policía que cumplió con su deber, abatiendo a un delincuente en Piura, enfrenta una carcelería absurda dictada por un juez incompetente que de esa manera emite un pésimo mensaje a la sociedad: si un custodio del orden intenta proteger a la ciudadanía, se le humillará a través de fallos absurdos que privilegian la vida de quienes se ponen al margen de la ley antes que del resto de personas de bien.

Entretanto, volvemos a Trujillo donde los delincuentes campan a sus anchas sabedores de que la ley es benigna y de que los jueces los favorecerán con sentencias contemplativas. Pero un delincuente que sube a un bus, donde quiera que sea, debe ser al menos neutralizado.

Nos preguntamos  si no sería justo que francotiradores de la policía actuaran contra esos delincuentes, al menos a través de disparos preventivos que los neutralicen y los dejen fuera de acción. Lastimosamente, también, no hay leyes que amparen a los policías si hacen uso de su arma de reglamento.

Por el contrario, en Trujillo y, en general, en todo el Perú los policías son los malos de la película y los delincuentes, las pobres víctimas. Eso tiene que cambiar. Un Estado que no garantiza la seguridad y la integridad de sus habitantes es un Estado débil, pusilánime y ramplón. Al contrario, un Estado que sale en defensa de sus ciudadanos es respetado y admirado, convoca a los inversionistas y propicia incluso la creación de empleo y de bienestar. Hay que pensar en cambiar las leyes, que en este caso sería para bien de todos.


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