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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 10/06/2019 - 08:56 AM

[EDITORIAL] Prevenir antes que lamentar


No debemos pasar por alto el desinterés de las personas por prevenir y prepararse ante un desastre natural.

Un asunto que no nos debe pasar por alto, ahora que vivimos el inicio de una etapa de desmemoria respecto de los accidentes y de los desastres que deja la Naturaleza, es la escasa preparación de la población y la poca conciencia que queda tras los simulacros. Lo apuntó hace poco el jefe de Defensa Civil en la región La Libertad, más que como un lamento, como la comprobación de que no estamos ni de lejos preparados para un desastre de la magnitud que hubo, por ejemplo, el 31 de mayo de 1970 en el norte del país.

Desde aquella fecha, el silencio sísmico que se vive en la zona norte y centro del Perú ha sido, más que una preocupación real, una suerte de anécdota que sirve de cuando en vez para imaginarlo que sería un desastre colectivo. Sin embargo, la cosa va más allá del   simple anecdotario. Ya no sorprende, sino que indigna, la cada vez más latente pasividad con la que se aborda la prevención de desastres en Trujillo y otras localidades de La Libertad frente a una amenaza que es real.

La población necesita un ente rector, vigilante y orientador de todo cuanto pase, antes, durante y después de eventual es acontecimientos. Es cierto eso. Pero también es cierto que la gente debe tener algún tipo de conciencia individual que se traduzca en acciones, estrategias y respuestas valiosas para tal fin. Una familia del Alto Trujillo, de la urbanización El Golf o del Centro de la ciudad debe responder de igual manera frente a esas eventualidades, sin esperar que se le brinde ayuda, que es un derecho y algo a lo que no debe renunciar, por supuesto. Nos preguntamos sin embargo si todo tiene que dejarse librado a esa ayuda, que sin duda se le brindará a los necesitados con las dificultades que ya asoman. Porque en todos estos años se ha invertido gran cantidad de recursos en diversas estrategias para aminorar los daños, pero estos al final han ocurrido. Veamos si no los perjuicios ocasionados por las lluvias, los aniegos y los desbordes.

Marzo de 2017 es un parteaguas que demuestra cómo la ciudad y sus infraestructuras no son garantía de que se salga indemne de nada. El trazo urbano de Trujillo, y su posterior crecimiento informal, desordenado y desorganizado, son factores que acrecientan la sensación de indefensión que luego lamentamos todos.


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