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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 16/05/2019 - 10:56 AM

[Opinión] Los que defraudaron, por Carlos Conde


“Es evidente que si Humala, Toledo o Villarán quisieran tentar un cargo público, no obtendrían ningún voto. Sin embargo, inexplicablemente, el aprismo y el fujimorismo parecen religiones que no entienden razones”, indica nuestro columnista.

Para tumbarse a la mafia fujimorista, el Perú decidió creer en Alejandro Toledo. Creer de una manera ciega a tal punto de negarse a aceptar que era un mitómano, un borracho y que no reconocía a su hija.

Por el temor a una política chavista (Humala 2006), los peruanos prefirieron darle una segunda oportunidad a Alan García. Olvidarse no solo de su desastrosa primera gestión, sino también de las múltiples acusaciones de corrupción.

Para evitar el retorno del fujimorismo, el pueblo peruano apoyó al militar Ollanta Humala. No hizo caso a las denuncias por supuestas ejecuciones extrajudiciales y menos a la sospecha de financiamiento extranjero de su campaña.

Y en el 2013, un gran sector de la población en Lima, entendió que una mafia quería tomar el municipio y se sumó a la campaña del NO a la revocatoria. También fue un respaldo a ciegas sin importar las muestras de una millonaria inversión electoral.

Y esa es la patética justificación que esbozó Susana Villarán antes de ir a prisión. Prácticamente le dijo al país que formó su propia organización criminal para enfrentarse a otras bandas corruptas.

El electorado peruano tiene parte de responsabilidad en todo este espiral de corrupción de la clase política. Buscamos un caudillo, apostamos por él, no aceptamos crítica alguna y hasta lo blindamos. Se extingue la suspicacia y ligereza que sí tenemos para con otros políticos.

Sin embargo, en este momento, en que ya sabemos que todos esos personajes cayeron en el mismo fango, noto una gran diferencia. Aquellos que aún tienen, increíblemente, seguidores y defensores, y los que terminaron solos y abandonados.

Es evidente que si Humala, Toledo o Villarán quisieran tentar un cargo público, no obtendrían ningún voto. Quienes en algún momento los apoyaron ahora los condenan por sus actos. Sin embargo, inexplicablemente, el aprismo y el fujimorismo parecen religiones que no entienden razones. Solo ellos siguen creyendo que son víctimas de una persecución.



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