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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 15/05/2019 - 05:40 PM

[Opinión] Por aquí pasa una quebrada, por Juan Caballero Vidal


“Muchos piensan que el hecho de retener, frenar o desviar el cauce natural de la quebrada sería la solución a nuestros problemas del Fenómeno El Niño, se sigue pensando de manera soberbia al entender que nosotros podemos con la naturaleza”, indica nuestro columnista.

En marzo del 2017, la ciudad de Trujillo tuvo uno de sus años más difíciles en las últimas décadas. Una de las causantes fue la activación de la quebrada de San Ildefonso, ocasionando miles de pérdidas de bienes materiales valorizados en millones.

Lo que se llevó a no solo entender, sino a repensar, cómo el actuar de la naturaleza puede afectarnos por la perturbación que hemos generado años atrás hacia ella, por el simple hecho de ubicarse en lugares que no nos pertenecían.

Muchos pensaron que este podría ser un catalizador para nuevos proyectos que pueda prepararnos contra los fenómenos naturales más comunes en nuestro país. Pero el meollo del asunto era que seguíamos viendo al “problema”, “la quebrada”, como “un problema”, y no como parte de la solución para nuestra ciudad.

Recientemente, como muchos han de conocer, surgieron ideas o propuestas de cómo poder bloquear o proteger a la ciudad de los deslizamientos de la quebrada de San Ildefonso en épocas de lluvia donde se corre el riesgo gracias a las activaciones de la misma.  

Partes de las soluciones propuestas incluían construcciones de diques, represas o canales de derivación del deslizamiento natural del agua de la quebrada. Y es donde se tiene que hacer un énfasis o resaltar el hecho de desviar o alterar el orden de los ciclos naturales de nuestro ecosistema.

La quebrada de San Ildefonso, desde antes que Trujillo existiera, siempre ha tenido una ruta natural, que desembocaba en el mar; con el pasar de los años, ha ido secándose de tal manera que no se haya tomado en cuenta por los primeros pobladores de la ciudad, catalogado o denominado como elemento natural, por lo cual se comenzó a poblar sobre la misma quebrada, gracias a la ignorancia, por naturaleza de esa época, que ha pasado factura en los distintos años en los cuales Trujillo ha sido afectado por el escurrimiento natural de dichas aguas.   

Muchos han pensado, que el hecho de retener, frenar o desviar el cauce natural de la quebrada sería la solución a nuestros problemas del Fenómeno El Niño, se sigue pensando de manera soberbia al entender que nosotros podemos con la naturaleza, que somos capaces de enfrentarnos a ella.

No se puede alterar el ciclo natural de un ecosistema, sin que haya repercusiones a futuro, porque es un tema de equilibrios, la naturaleza funciona como un sistema, como un reloj, y cuando se altera o se quita una de las piezas del reloj, empieza a haber problemas, hasta un punto de no retorno, teniendo un efecto mayor a mediano o largo plazo.

Si se le quiere dar un nombre a este tipo de proyecto de unificar ambos sistemas e integrarlo con la ciudad que conlleve consigo mismo beneficios directos e indirectos, se podría denominar a Trujillo como una ciudad resiliente, donde Holling (1973) la define como la capacidad de un sistema de volver a la situación inicial después de una perturbación, es decir, un proceso de recuperación para regresar a los orígenes donde el ámbito natural no había sido afectado o alterado.

En este caso, se entiende que se debe volver a pensar en el curso natural de la quebrada, y que la ciudad pueda adaptarse a ella, y que sea parte, no un elemento segregado; en otras palabras, sacar ventaja de ella.

Existe una consideración de acuerdo a Forman & Godron (1986) que en este caso, el elemento de corredor ecológico debe ser aplicado en este tipo de intervenciones urbanas determinados por su longitud, anchura, forma, interrupciones y conectividad; ya que, principalmente, en referencia a Allen (1998), no se trata de un conjunto de ecosistemas, sino el resultado espacial de las relaciones entre sistemas naturales lo que define a este corredor que beneficiaría a la ciudad.

Un proyecto como este, aplicado en nuestro medio podría servir como base y estructura para futuros proyectos urbanos que beneficien a la ciudad, el urbanismo contemporáneo busca recuperar ciclos naturales que en algún momento fueron modificados para regresar a la normalidad, lo que lleva a una ciudad resiliente donde se busque la convivencia con ciclos naturales, que en anterioridad lo veíamos como catástrofes naturales.

Para concluir, es importante tomar en cuenta que un proyecto de tal envergadura requiere de mucha investigación, inversión y gestión, pero es el precio por el cual se tiene que pagar al no haber sido conscientes de saber con quién se estaba tratando. Tratar de mirar a largo plazo es otra de las claves para ver que esto no es un gasto, sino una inversión.

Es esencial que dentro de la gestión se tomen en cuenta diversas estrategias que ayuden a tener retribución económica a través de distintos proyectos puntuales dentro del macro proyecto. Se tiene la oportunidad, la gran oportunidad, de utilizar al “problema”, como catapulta hacia una ciudad sostenible. Depende en cierta parte de reconocerse y adaptarse, de saber lo que tenemos, y cómo sacarle provecho incluso a nuestras adversidades.


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