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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 14/03/2019 - 12:12 PM

[Editorial] Donación estimulada


“Buscar soluciones creativas tiene que ser la primera tarea en la meta de reducir esa carencia, sin que eso se convierta en una campaña arbitraria”.

Los pacientes renales que esperan la donación de un riñón para salir adelante y dejar de dializarse, entre otros problemas que afrontan permanentemente, suman más de los 120 que tiene registrado el sistema Essalud en La Libertad. Todos ellos merecen calidad de vida que no consiguen debido al suplicio que es ir diario a un centro de salud para someterse a ese procedimiento.

Ya hemos dejado atrás el día de la donación de órganos, pero este sigue siendo un problema latente del que debemos tomar conciencia para solucionarlo. El Perú tiene uno de los índices de donación de órganos más bajos de Latinoamérica y de la subregión sudamericana. Lo que ocurre en el país repercute en menor escala en La Libertad, donde no nos libramos del que es un patrón de conducta que exhiben, lamentablemente, casi todos nuestros connacionales.

Siendo esto así, lo que corresponde es arreglarlo y disminuirlo porque el problema no se solucionará con facilidad. Hay medidas que se pueden adoptar, sin necesidad de amenazar ni presionar a la gente a que lo haga.

Una de las primeras salidas es llevar las campañas de donación de órganos a los colegios y universidades, junto con personal de Reniec. Hay muchas personas que desconocen las bondades de este gesto solidario y humano. Y lo desconocen porque a veces resulta que no les fue formulada la pregunta al momento de inscribirse en el registro civil o de renovar su DNI.

Hay procedimientos fáciles de poner en marcha para que alguien revierta su decisión, reconsiderándola; o que acepte convertirse en donador voluntario de órganos. Reniec y otros organismos pueden contribuir a ello, diligente y expeditivamente.

Otro aspecto, que aún no llega al país y ni siquiera se ha explorado, es la entrega de incentivos para los potenciales donantes. Una persona que adquiere la condición de tal puede pagar menos en el transporte público local e interprovincial; en los vuelos domésticos; en los arbitrios; en la compra de medicinas, etc. Es cuestión de sopesarlo y estudiarlo, conversando con empresas e instituciones, para que nadie salga perjudicado ni que se tome esto como una imposición.

Es más, hasta se le imprimiría una dinámica distinta a la economía local en pequeños circuitos. Todos ganan, sobre todo los pacientes. Si se premia a las personas por su fidelidad a determinada marca, ¿por qué no hacerlo si se es fiel y solidario con el prójimo?

Otro asunto es derribar los mitos que subsisten en torno a la donación de órganos. A nadie lo van a matar para sacárselos si indica que es donante voluntario. Infelizmente, muchas personas siguen creyendo ese tipo de rumores, contribuyendo a un espiral desinformativo que ha agudizado el déficit de donadores.

Por eso, buscar soluciones creativas tiene que ser la primera tarea en la meta de reducir esa carencia, sin que eso se convierta en una campaña arbitraria. No vivimos en una dictadura, lo hacemos en una sociedad que debe recuperar los valores que poco a poco se han ido diluyendo, sin que se haga nada por reinstaurarlos. El desafío es real y hay que afrontarlo.

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