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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 12/03/2019 - 10:31 AM

[Editorial] Demos todo por los escolares


Hay colegios que no han terminado de arreglarse ni de remodelarse, presentando un déficit que se tiene que reducir. Es tarea de este gobierno regional hacerlo, pero también de los municipios.

Como es natural cada año, miles de escolares ya iniciaron sus actividades académicas, lo que despierta una sana expectativa por parte de sus padres, de sus maestros y de la comunidad en general. Ver a esos niños y adolescentes acudir a sus colegios y escuelas se convierte en parte de nuestro cotidiano panorama, nos llena de ánimo y nos lleva más allá de la rutina.

Con todas las dificultades que se le presentan al país, a la región y a las diversas localidades, repensar la actividad educativa debería llevarnos más allá de ella. Es el inicio y a la vez el tránsito de muchas personas, menores y adultos, que tienen un compromiso permanente con la comunidad.

Porque recibir clases escolares es la actividad humana más valorada por todos, y son los escolares los depositarios y agentes de unas conductas que debieran ser reformuladas a fin de no alterar sus desempeños.

Por eso, antes de siquiera pensar que el inicio de clases cambiará las rutinas a las que nos acostumbramos alrededor de tres meses, desde que se cerró el año lectivo 2018, hay que reflexionar en lo que viene. Y lo que viene no es juego ni un lecho de rosas, sino todo lo contrario.

En primer término, el desafío lo plantea una infraestructura escolar que no está a la altura de las urgencias que hoy tenemos. Hay colegios que no han terminado de arreglarse ni de remodelarse, presentando un déficit que se tiene que reducir. Es tarea de este gobierno regional hacerlo, pero también de las municipalidades y de los padres de familia asociados.

Segundo, y lo más importante: hay un retraso evidente de la escuela pública respecto de la privada, lo que se traduce en bajos desempeños y una educación de menor calidad, intensidad y frecuencia para los escolares cuyas familias no tienen cómo pagar sus estudios.

Esto se confrontará en los próximos meses, cuando los maestros agremiados realicen su conocido paro de labores anual obligatorio, que no han dejado de acatar en los últimos tiempos. Los chicos de escuelas públicas sufrirán y los de escuelas privadas avanzarán, no sin dificultades. Tampoco asistir a un colegio particular garantiza demasiado, aunque sí alivia a los padres pues al menos se cumplirá con los cronogramas preestablecidos.

En cuanto a los riesgos callejeros, sabido es que han aumentado para niños y niñas, y que es un clamor reducirlos. Por eso, los transportistas deben asumir el compromiso de proteger y cuidar a los escolares. Y que esto no se convierta en una promesa que luego se incumplirá. Hay mecanismos para sancionar duramente a quienes pongan en peligro o riesgo la integridad de los niños que asisten a clases.

Incluso dejarlos sin recogerlos es un acto que merece una fuerte sanción. Menos mal, los ciudadanos ahora intervienen más y con mejores armas para frenar esos abusos.

Que los escolares sientan que hay un mayor compromiso de la sociedad con ellos y que los docentes redoblen esfuerzos, a pesar de los problemas que se les presentan, hará que el camino hacia una escuela mejor no sea en vano.

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