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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 16/07/2021 - 02:37 PM

[Opinión] Mentiras, ilusiones y negaciones, por Juan Vásquez


Lo que observamos es un complejo de significantes y significados expresados malévolamente en discursos y actitudes de todo mentiroso compulsivo.

Matemáticamente Keiko Fujimori no tiene opciones de ganar la presidencia, ha reconocido públicamente, Julio César Castiglioni, del equipo legal del fujimorismo. Aun así, el abogado señaló que la demora del JNE para proclamar del nuevo presidente “no es su tema”, incurriendo en un conflicto cognitivo y paradojal en su hilo argumental. Castiglioni, en el fondo, transmite la derrota de toda la maquinaria legal de Fuerza Popular y de su patrocinada, pero, igual desata el petardeo selectivo de denuncias y amparos para “resistir” y “conocer la verdad”. Esa narrativa falsaria la emplean todos los voceros fujimoristas y la propia interesada, desde que conocieron los resultados electorales. No es novedad: incurrió en contrasentidos pautados el patriarca Alberto con lo del bacalao; el antishock económico, la ropa donada por japoneses, pero comercializada por sus hermanas y Apenka; los estudios de sus hijos en EE.UU. con dinero del Estado, y, hasta el disparate de “desconocer” abultadas cuentas bancarias en el exterior de Vladimiro Montesinos, su ex asesor. Todos esos embustes parecen haber sido heredados por la primogénita de Fujimori. Los especialistas analizan las mentiras de las personas con técnicas de la psicología y la sociología. Desde esta última, el médico psiquiatra español Carlos Sirvent asegura que “la mentira no es socialmente tolerada pues supone una falla comunicativa y relacional definitiva”, y precisa que en estas circunstancias “quién miente es proscrito y condenado” por la opinión pública. Visto así, lo que observamos es un complejo de significantes y significados expresados malévolamente en discursos y actitudes de todo mentiroso compulsivo. Pese a ser conscientes del daño ocasionado no se percibe remordimiento moral que acompaña toda mentira. Contrariamente, a Keiko Fujimori y a sus defensores se les eriza la piel de la realidad. Y por ese camino conductual van sus seguidores quienes se vanaglorian “de un ejemplo digno de imitar”. Es decir, la degradación moral y descarnada de las personas. La Fujimori ha caído, asimismo, en el autoengaño (la mentira desde dentro), mal no solo psicológico sino psicopatológico. Abraza la ilusión, un atajo mental de sus reveses políticos, creyéndose dueña absoluta de nuestros destinos y, por supuesto, sufre de negacionismo de la realidad que ya la marcó en el imaginario popular como obtusa y berrinchuda.




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