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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 05/02/2021 - 10:51 AM

[Opinión] Salud resquebrajada, por Juan Vásquez


Hace muchas décadas que el sistema de salud en el país es un paciente en cuidados intensivos y nadie quiso darse cuenta.

El virus e incompetencia nos tienen arrinconados y el escenario es de guerra. El enemigo invisible y letal nos va disminuyendo lentamente. Encima nos agobian los demonios identitarios que arrastramos los peruanos desde la República. Florecen la desidia de la clase política, la sinrazón congresal, la parálisis gubernamental y la codicia de mercaderes que se autodenominan “emprendedores”, aprovechadores de ocasión. Pero, en la hora actual, los peruanos no tenemos tiempo ni ganas para estas meditaciones. Solo nos preocupa la vida y la salud. La urgencia del día a día por conseguir un balón de oxígeno en la madrugada para un enfermo, o la desesperanza frente a los hospitales por la recuperación del padre, madre o hermanos. No estamos pensando en elecciones ahora. Estamos cavilando en cómo parar la olla, no perder el empleo y no morir en el intento. ¿Qué familia en el Perú no llora a sus muertos infectados por la covid-19? ¿Quién no eleva una oración al Altísimo para que la peste sea combatida con vigor por nuestro sistema de salud? He aquí la tragedia: hace muchas décadas que el sistema de salud en el país es un paciente en cuidados intensivos y nadie quiso darse cuenta. Solo un indicador, de todo un complejo sistema donde otros países de la región se empinan por encima nuestro: estudios de OCDE y del Banco Mundial, publicada el año pasado, a cifras del 2017, mostraban que el gasto total per cápita en salud en 33 países de América Latina y El Caribe, tenía a Cuba en primer lugar con US$ 2,484.00 y en último puesto a Haití con US$ 83. Perú ocupaba el puesto 20 y el Estado gastaba US$ 680 por cada peruano, menos que todos nuestros vecinos fronterizos. Sin embargo, en promedio, los países de LAC dedican un 59% a los esquemas sanitarios gubernamentales y de seguros obligatorios y el 41% restante se destina a sueldos, planes de pagos voluntarios y recursos externos. Esta realidad es solo parte de nuestros males. Con la pandemia, no solo el gasto en salud sino todo el sistema sanitario está en UCI, asistido con un poco de oxígeno. Hemos tocado fondo en un mar de incertidumbre generalizado en la sociedad. Y, en ese contexto, gobernantes regionales y locales, salvo honrosas excepciones, no estuvieron ni están a la altura de esta hora crucial. El sistema de salud nacional, sobre todo, la confianza, implosionó. En esta desolación, el gobierno transitorio apura las vacunas y anuncia paliativos de emergencia en el sector. Ojalá no sea tarde para la primera línea de combate.




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