HOY, EN LA PORTADA
DE NUESTRA
EDICIÓN IMPRESA

X

Foto: La Industria.

Por: Redacción La Industria

ACTUALIDAD

Publicada el 18/07/2020 - 02:46 PM

[Opinión] El reto de la columna, por Cecilia de Orbegoso


Si bien tenemos una idea de lo que esperamos recibir de una relación ¿nos hemos puesto a pensar en qué es lo que nosotros estamos dando a cambio?

Hace poco un amigo mío, buscando tanto airearse como un consejo femenino, me daba los detalles de la relación con su recientemente exnovia. “No funcionó” me decía un poco melancólico mientras enfriaba su café, para luego intentar explicarme cómo basaba rigurosamente sus proyecciones amorosas en una fórmula que, él aseguraba, tenía el poder de transformar sus venturas sentimentales, de proyectos teóricos a inversiones verdaderamente potenciales. 

En este caso, donde matemáticamente no todo se puede evaluar, él había logrado determinar dos grandes variables en su ecuación: afinidad e identidad. A cada una, con la misma ponderación, le asignaba un valor continuo entre 0 y 1, y se había trazado como regla que para que una relación funcione, 1.5 era el mínimo valor que esperaba como resultado. Para su poca suerte, muy pocas veces este redondeaba a 2.

Yo, muy curiosa, demandé inmediatamente una mayor explicación y detalle sobre sus variables. “Muy fácil, afinidad es química, conversación y atracción; mientras que identidad son valores, prioridades y necesidades”. Él, al no dar con el resultado adecuado, seguía perfeccionando su fórmula; mientras yo, fascinada y a la vez un poco angustiada, trataba de asignarle un valor a mis últimas batallas. Al invadirnos el silencio no le quedó más que preguntarme, “y tú, ¿qué piensas sobre las relaciones?” Y, sin mucho pensar (ya que cuanto más uno piensa, más uno se complica) le contesté “El secreto está en tomárselo deportivamente: Si es, bien; si no, también”

Después de despedirnos, mi mente seguía dando vueltas a la idea de sus cálculos y distribuciones, y vino a mí el recuerdo de un fin de semana en Paracas. Hace 3 años Fortunata, mi hermana, me recogió puntal a las 7 de la mañana en lo que para ella era un día que apenas empezaba, mientras para mí era una noche que recién terminaba. Muy patriota yo, había recibido el 28 de julio en una peña criolla en Barranco a dos cuadras de mi casa.

Casi 300 km y varias canciones de Shakira después, llegamos a la casa de nuestra amiga Claudia. Ahí nos esperaba una decena de amigos, casi todos solteros y la mayoría de ellos aun sopesando sus últimas hazañas. La gran anfitriona era su madre, Helen, oficialmente la dueña de casa. Única al igual que su hija, era la mezcla perfecta entre liberalismo, pasión, sabiduría y tradición.

El último día de nuestra visita, mientras el grupo de muchachos, un poco cansados, tomaba sol en la piscina, Helen se nos acerca y nos dice “chicos, ¿qué tan eficientes son en la búsqueda de la pareja ideal?” y, dado que la mayoría de nosotros estábamos más perdidos que la mamá de Marco, ella nos respondió “muy fácil, todo es cuestión de lápiz y papel”. Lo que nos trataba de explicar, cada vez con un tono menos subliminal, era que mientras menos trazado tengamos nuestro objetivo más rápido nos íbamos a desviar del mismo.

“En una hoja de papel, dibujen de la forma de un cuerpo humano. Una vez trazada la silueta, toca el paso más importante: dibujar la columna vertebral, compuesta de los elementos que para ustedes son innegociables”, refiriéndose a esos aspectos que, en nuestra búsqueda de pareja, por ningún motivo podríamos pasar por alto; siendo algunos de ellos: carrera, costumbres, ambiciones. La lista era infinita, y era tarea de cada uno poder definir cuál encajaba mejor en nuestro perfil. Después del primer gran reto nos tocaba pasar a algo un poco menos elemental: incluir en las piernas y brazos esas acciones que, por más que no nos gusten, no vale la pena intentar cambiar.

Si bien su técnica en papeles era muy fácil, en la vida real no tanto; ya que han pasado tres años y aún sigo rehaciendo mis dibujosAun así, no pude evitar pensar en esa tarde en Paracas que, como nunca antesnos obligó a reflexionar sobre cuáles son las cosas que buscamos y las que verdaderamente vale la pena buscar.

Después de esa implacable reflexión en la que algunos le sacaron humo al borrador mientras que otros, frustrados y cansados, terminamos soltando nuestros lápices con más dudas que respuestas, no pude evitar preguntarme: si bien tenemos una idea de lo que esperamos recibir de una relación ¿nos hemos puesto a pensar en qué es lo que nosotros estamos dando a cambioEn el dibujo de alguien más ¿somos algún órgano vital, o simplemente un apéndice que no dudaremos en extirparA fin de cuentas, si bien aún no termino de dibujar, sí me gustaría pensar que mi presencia fue colocada con tinta indeleble en el dibujo de alguien más.


Tag Relacionados:

Valora nuestra Nota

SUSCRÍBETE

Recibe las últimas noticias directo a tu email

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones

Grupo La Industria - 2020