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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 18/02/2020 - 10:27 AM

[Opinión] Es hora de que las universidades paguen impuestos, por Víctor Jara


“De acuerdo a la Sunedu, 3 de cada 10 egresados de las universidades peruanas nunca logran recuperar el dinero que invirtieron pagando sus pensiones”, indica nuestro columnista.

Tras su última reunión con el presidente de la República, Martín Vizcarra, el congresista electo por Somos Perú, Rennán Espinoza, sostuvo que su bancada propondrá un proyecto de ley para eliminar la exoneración tributaria de las universidades peruanas, lo cual resulta una propuesta interesante dado que, en las últimas tres décadas, las casas de estudios superiores libres de impuestos han saltado a la palestra por el alza de sus pensiones antes que por sus buenos resultados en investigación, desarrollo y proyección social.

Ninguna de las universidades peruanas se encuentra entre las 500 mejores del mundo. Imagínense, que lejos estamos en educación superior a nivel mundial. ¡No estamos ni en el top 500! ¿Algún día lo estaremos?

Es más, de acuerdo a la Sunedu, 3 de cada 10 egresados de las universidades peruanas nunca logran recuperar el dinero que invirtieron pagando sus pensiones, mientras que las arcas de las universidades siguen creciendo y enriqueciendo a unos cuantos empresarios y engendrando a decenas de políticos, entre alcaldes, congresistas, regidores, consejeros y otros.

En tanto, otras universidades se han prestado al juego de las coimas recepcionando dinero negro y haciendo contratos ficticios a conocidos políticos.

 La reforma universitaria ha dejado buenos resultados, pero no basta. La misión de la universidad es la formación profesional, investigación científica y desarrollo social, pero miren a donde se han torcido.

Los problemas de país, la región, la provincia, el distrito o de la urbe deben resolverse a través de la investigación e innovación por parte de las universidades, las cuales siguen libre de impuestos, mientras que millones de trabajadores del sector agrario continúan con sus derechos recortados.

¡Qué paradoja! La agroindustria con la Ley de Promoción Agraria cruzó fronteras, mientras las universidades nos han traído más dolores de cabeza.


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