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El ‘duro golpe’ que significa para los brasileños haber perdido el proyecto del Gasoducto lo quiere reparar ahora metiéndonos la mano al bolsillo nuevamente, solo que esta vez con la bendición eventual de un arbitraje incierto.

Por: Redacción La Industria

ACTUALIDAD

Publicada el 08/02/2020 - 10:48 AM

[EDITORIAL] Nos meten la mano al bolsillo


La ciudadanía ya puede comprender mejor cómo era la relación que se estableció entre el Estado peruano y la corrupta empresa brasileña Odebrecht para obtener beneficios a favor del país.

La ciudadanía ya puede comprender mejor cómo era la relación que se estableció entre el Estado peruano y la corrupta empresa brasileña Odebrecht para obtener beneficios a favor del país. Luego de que la constructora le infligiera un enorme daño al Perú, le vuelve a jugar sucio y no hay explicaciones que satisfagan no ya la indignación, sino apenas la decepción que ocasiona este escenario absurdo.

Como ya se han encargado de apuntar casi todos los analistas, el Perú se comprometió a liberar los 524 millones de soles que la empresa obtuvo por la venta de la hidroeléctrica Chaglla. Luego de eso, Odebrecht saca un comunicado increíblemente cínico que, al igual que el análisis literario académico, se descompone en dos apartados muy definidos: primero, un pedido de perdón por la forma como se actuó, traicionando la confianza que el país le brindó a estos delincuentes; y, segundo, la conclusión de que, como no les queda otra que proseguir con sus negocios, nos van a hacer sentar en el banquillo de la CIADI para que ese organismo internacional de arbitraje decida si le concede a Odebrecht los 1.200 millones de dólares que ahora exige.

El ‘duro golpe’ que significa para los brasileños haber perdido el proyecto del Gasoducto lo quiere reparar ahora metiéndonos la mano al bolsillo nuevamente, solo que esta vez con la bendición eventual de un arbitraje incierto.

Ahora puede entenderse por qué siempre fue un absurdo pretender que Odebrecht reanude las obras de la tercera etapa de Chavimochic. La siniestra empresa brasileña (de la cual se nos ha pretendido vender el cuento de que hoy tiene ‘nuevos accionistas’ y que ya se convirtió en ‘ética’) prepara su próximo zarpazo contra La Libertad. Y, lo peor, es que se sabe que eso va a ocurrir porque los propios directivos de Odebrecht así lo han anunciado, muy tranquila y cínicamente.

O somos ingenuos hasta la estupidez o somos sadomasoquistas. Entre ambos extremos no hay escala de grises.

Pero el presidente Martín Vizcarra y la ministra de Economía nos aseguran que el Perú tiene todas las de ganar en el CIADI. Por antecedentes y por la presunta solidez de nuestros argumentos. Puede ser que eso sea así, pero el solo hecho de tener que ir a lidiar al CIADI es ya una situación inadmisible.

Lo peor es que los dados ya están echados y no se puede dar marcha atrás. No se reescribe un acuerdo oleado y sacramentado.

Queda como lección poner este tipo de acuerdos en manos de expertos, especialistas que construyan tres o cuatro escenarios favorables al país. Y, sobre todo, con la perspicacia de adelantarse a las respuestas de los delincuentes de cuello y corbata que pagan a sus abogados para ganar. No para redimir al Perú de sus fechorías. 


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