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Jorge Clavijo Correa es periodista de Cosmos TV

Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 27/11/2019 - 04:48 PM

[OPINIÓN] Amor, violencia y muerte, por Jorge Clavijo


Esta historia resalta sobre las múltiples estrategias que buscan erradicar la violencia contra la mujer por parte de sus parejas.

Una frase de arrepentimiento seguida de una promesa de amor parecía ser la falsa esperanza que daba inicio a un bucle de violencia. La historia ha terminado en tragedia, con una hermosa mujer asesinada en una cama. A un costado del cuerpo semidesnudo abandonaron un cuchillo para simular la escena típica de un suicidio: cortes en la muñeca, en el cuello y una posición del cadáver tan romántica como perturbadora.

La vida de R.I.A (29) se extinguió, según la necropsia, en manos de un psicópata que actuó de manera premeditada, a sangre fría y en el momento preciso pues no hubo testigos ni gritos de auxilio pese a que la escena del crimen fue una habitación que la víctima alquilaba en un edificio multifamiliar de la urbanización Monserrate. Sin embargo, no hay crimen perfecto.

Esta historia resalta sobre las múltiples estrategias que buscan erradicar la violencia contra la mujer por parte de sus parejas. “Violencia disfrazada de amor” es la apuesta más reciente que ha involucrado sobre manera a la ministra de la mujer y poblaciones vulnerables, Gloria Montenegro. Se habla del tema con pasión y razonamientos de sobra que invitan a mirar a la figura femenina con respeto y amor. Ellas pueden ser nuestras hijas, hermas o madres. Pero, ¿Qué pasa cuando la víctima en nombre del amor perdona y pone su vida en manos de un psicópata? La respuesta es simple: en el tonto respeto de las reglas del amor está el perdonar, pero es un perdón sesgado, ciego y a pasos de suicida pues en la mayoría de casos similares, la víctima sabe o sabía que el agresor no iba a cambiar su conducta violenta por voluntad propia. Entonces, las campañas contra la violencia se estrellan contra muros emocionales que evitan una mínima reacción en las víctimas.

En el caso de R.I.A su asesino terminó por confesarlo todo, pese a que planificó no ser descubierto (la falsa escena del suicidio): fue su conviviente, 3 años menor que ella. Según los deudos y amigos de la infortunada mujer, él tenía antecedentes de maltrato físico y psicológico hacia la joven huamachuquina. Hay detalles de robos, humillaciones y agresiones que la hoy occisa sufría y confesaba a sus amigos en conversaciones muy íntimas en busca de consejo el cual, finalmente, caía en saco roto pues no se atrevía a dejar una relación toxica: hacerlo es la última opción de quienes viven una vida atormentada en nombre del amor.

 El tema también refleja que la salud mental de varones y mujeres está muy deteriorada y marcada por la violencia. Sin embargo, no todo está perdido. Miremos alrededor o, más cercano, en nuestras casas. Si hay niñas inculquémosle el respeto por sí mismas, a valorar su cuerpo y sus sentimientos, pues según el decano del Colegio de Psicólogos de La Libertad, Jorge Rodríguez, cuando se asimila una conducta violenta como normal esta se vuelve un estilo de vida y las niñas y niños que hoy son testigos, mañana serán victimas y/o agresores. 


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