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Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 11/11/2019 - 08:59 AM

[EDITORIAL] Lamento boliviano


Todos esperamos que el ambiente político en Bolivia se tranquilice y el pueblo pueda salir adelante.

Los últimos acontecimientos en Bolivia dan cuenta de la renuncia a la Presidencia de la República de ese país del líder cocalero Evo Morales Cayma, quien pretendía entronizarse un periodo de gobierno más a través de un fraude electoral denunciado por observadores internacionales y la Organización de Estados Americanos (OEA). Sin embargo, las protestas populares que sacudieron la vecina nación altiplánica llevaron a su salida y a su dimisión, luego de una semana de desmanes y movilizaciones. Debido a la división que hay en Latinoamérica, con gobiernos situados a la derecha y a la izquierda, la lectura de lo acontecido es maniqueísta. 

Para quienes apoyan las políticas populistas de Morales, lo de ayer es ‘un golpe de Estado’. Así lo han manifestado los gobiernos de Venezuela, Cuba, Nicaragua y México, así como el expresidente paraguayo Rafael Lugo y el presidente electo argentino Alberto Fernández y su vicepresidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner. Esta última incluso ha comparado la violencia social en Bolivia y Chile, arremetiendo contra el gobierno de Sebastián Piñera, al que responsabiliza contra la represión a su pueblo. Pero ambas protestas no comparten un mismo origen: mientras que Piñera es, con todos sus defectos, un presidente elegido mediante una votación insuficiente pero legítima, Morales se intentó reelegir mediante un nuevo fraude. 

Las protestas en Chile no son únicamente contra Piñera, que sin embargo es blanco de las acusaciones, sino contra un modelo económico, un sistema previsional y servicios públicos deficitarios. Las protestas en Bolivia han sido para que Morales se largue, como ha ocurrido. La propia auditoría que llevó a cabo la OEA da cuenta, en un contundente informe de 13 páginas, que Morales dirigió un fraude torpe y chapucero: nadie puede estar abajo en el conteo de votos 24 horas antes, y luego imponerse por diez puntos porcentuales de diferencia. Además, se encontró material electoral escondido en domicilios particulares y en oficinas gubernamentales. Los grupos opositores y oficialistas chocaron en las calles y aterrorizaron a la gente. 

Ambos hicieron uso de la violencia y no se diferenciaron por ello. Los civiles fueron blanco de sus actos y arremetieron también contra la propiedad pública y privada. La fragilidad política e institucional de Bolivia no está instigada por los grupos de derecha, idea que ahora nos quieren vender los medios, las voces y los gobiernos de izquierda 


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