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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 09/10/2019 - 10:34 AM

[Opinión] Apocalipsis y Bicentenario; por José Pérez


"Los reinos Moche, por ejemplo, tuvieron una existencia de no menos de 600 años. Por su parte, este Perú, ¿llegará a celebrar el bicentenario republicano?", señala nuestro columnista.

¿Es un país, digamos el Perú, una ficción? El peso del tiempo siempre nos expone frágiles. Los reinos Moche, por ejemplo, tuvieron una existencia de no menos de 600 años. Por su parte, este Perú, ¿llegará a celebrar el bicentenario republicano? Tal vez la cercanía al 2021 (poco menos de dos años) tramita como infantil este cuestionamiento. Sin embargo, la sombra del abismo nos envuelve si invertimos los sumandos (a diferencia de la formal matemática, en historia, al alterarse los factores, otro es el producto), entonces preguntamos: ¿qué nos asegura que en dos años se agilice, madure, el proyecto del Perú Republicano que en 198 años ha permanecido incompleto, ajeno y hasta adverso, al sentir, pensar y obrar de las minorías que fueron y son mayorías?

País de las repartijas

Mediáticamente, a lo sumo, se ha expuesto la reciente disolución del Congreso como una manifestación absolutamente política, con alcances éticos, conjugándolas desde una substancialización psicológica, como si lo detonante fuese el descontrol de temperamentos que habría conllevado a una falta de entendimiento de los actores políticos del legislativo y el ejecutivo. Cuando en verdad, la profunda crisis política tiene vasos comunicantes con intereses económicos de manejo de poder que ha motivado a que la propia CONFIEP califique a un acto constitucional con aquello que calló, avaló y colaboró: el golpe de Estado que sí implementó Alberto Fujimori. Un país, como toda ficción intersubjetiva, necesita implementar mecanismos de cooperación no necesariamente solidarias; en realidad, en la mayor parte de la historia, suelen consolidarse relaciones dominantes, excluyentes y rapaces, condición de la que no es ajena nuestra historia peruana.

Nada más cruel, aunque exacta, la idea de repartija como eje gravitante del acontecer político de estos últimos meses (años, y hasta décadas, debería decir), cuya resistencia de una mayoría parlamentaria urgida por sus indigencias morales de copar el poder para deshacerse de sus ventrales negociados y hermandades de impunidad, nos antepone, una vez más, ante la lectura de nuestra historia republicana en trayectoria pendular y apocalíptica, pero no solo en el sentido que, tras un pasado en tinieblas se antepone el deseo de un futuro refulgente, sino, y sobre todo, por cuanto persiste la sospecha de una próxima catástrofe, así, la opinión sugerida de varios analistas –pero también de las grandes mayorías– de un siguiente peor Congreso, comienza a inquietar los debates poscrisis, mientras que una cóncava línea demarca el rostro peruano como un agente aferrado a la idea de que, lo único que podrá celebrar es la llegada del 2021, mas no del Bicentenario.

República sin ciudadanos

Martilla aún en clave de interrogante esta agudeza de Alberto Flores Galindo, al sintetizar el origen de este proyecto (la República del Perú), como una república sin ciudadanos. Como si fuese un eco, o tal vez mejor, un eructo en el tiempo, sale de la boca de un constitucionalista aprista, la sentencia de que al pueblo no se le escucha. Indudablemente, la ciudadanía ninguneada de las mayorías, ha sido la constante de esta República, consecuentemente dos años no bastarán para remediar y reencausar aquello que en dos siglos se ha reincidido: la exclusión.  Esta no es sino otra de las caras de lo que el historiador Manuel Burga llama “el país inconcluso”, y del “país laberinto” y del “país chacra” postuladas por Guillermo Nugent. Ideas que sintetizan la complejidad y crudeza de la historia y la actualidad peruana, y que cada una de ellas amerita un espacio de reflexión. 

Dice el historiador Manuel Burga, entre otro de sus aportes, que la conciencia histórica del peruano, está marcada por la idea de las oportunidades desperdiciadas. Hoy, que nos encontramos en el extremo pendular de la luz de este apocalipsis nacional, lo mejor que hagamos, será no desaprovechar esta nueva oportunidad.  


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