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Eliana Pérez es comunicadora y feminista.

Por: Redacción La Industria

TRUJILLO

Publicada el 06/09/2019 - 10:51 AM

[OPINIÓN] Poner el cuerpo, por Eliana Pérez


“Es necesario recuperar nuestro cuerpo, asumirlo como sujeto político, como una materialidad que transmuta de objeto a sujeto sin desvincularse”, escribe nuestra columnista.

Las mujeres desde temprana edad somos enajenadas de nuestro cuerpo. Muchas mujeres, más de las que creemos, desde niñas, cuando nuestra razón no puede comprender lo que pasa, nuestro cuerpo ya ha sufrido los abusos del vecino, del hermano, del cura o pastor, del tío, del profesor, del padre o padrastro. Antes de tomar conciencia de nuestra sexualidad, nuestro cuerpo ya ha experimentado violencias. 

Sobre nuestro cuerpo está inscrita la ideología patriarcal y capitalista. Convertido en objeto del deseo masculino, hipersexualizado y cosificado por la cultura patriarcal, el cuerpo de las mujeres es domesticado y privado de su autonomía y de nuestros propios deseos. Además, el cuerpo femenino sostiene el modo de producción capitalista, pues sobre él recae la maternidad socialmente impuesta con la que se asegura la reproducción de la clase trabajadora, y es sobre él donde se inscribe la precarización de la vida y del trabajo, la explotación laboral, la acumulación del trabajo remunerado y no remunerado. 

Comprendiendo ello, el feminismo nos permite una nueva relación con nuestro cuerpo, fuera de los cánones de vigilancia y control, liberarlo de moldes, rescatarlo de la obligatoriedad de su función productiva y reproductiva, con la finalidad de buscar las sendas disidentes del placer, de la libertad, de la emancipación, reinventando nuestra intimidad para recomponer la comunidad. 

Es necesario recuperar nuestro cuerpo,  asumirlo como sujeto político, como una materialidad que transmuta de objeto a sujeto sin desvincularse. Es así como nuestros cuerpos se politizan por la toma de consciencia de sí, para sí y en su relación con los otros. 

Por esta razón, los cuerpos disidentes perturban a quienes quisieran mantenerlos como territorios de conquista, como instrumentos de trabajo y de reproducción de mano de obra. La disidencia feminista en el Perú avanza poniendo el cuerpo en primera línea, por nosotras, por las que ya no están y por las que vendrán. 

Nuestros cuerpos son sujetos que se movilizan politizados junto a otros, que restablecen el sentido de lo comunitario y lo colectivo. Somos nuestros cuerpos y nuestros cuerpos son: memoria, identidades y resistencias que se levantan contra las violencias machistas, la corrupción, los fundamentalismos y los defensores del capitalismo que hegemonizan los cargos de poder en nuestro país. 

Ayer miles de mujeres pusimos el cuerpo en la movilización nacional #QueSeVayanTodos, marchando, gritando, sosteniendo banderas y pancartas, haciendo ruido, juntándonos a otros cuerpos-sujetos, expresando inconformidad, rabia, deseos de destruir un sistema político corrupto y caduco que ha mirado complaciente la explotación, la violación, la violencia y el asesinato de las mujeres. 

No más cuerpos sumisos ni controlados. Sí más cuerpos feministas, transformando la historia individual y colectiva. 



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