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Mercados se convirtieron en pantanos
lunes,, 08 de febrero del 2010

Parece una tortura china. A través de las ruinosas calaminas que pretenden cubrir las tiendas del Mercado Central, el agua cae lenta e insoportablemente sobre nuestras cabezas. Muchos negocios no abrieron.

Visitamos el puesto de flores de María Navarro Sánchez. “El agua se ha filtrado a mi tienda. Todo está hecho un barral por el agua que cae de los techos”, nos cuenta. Es inevitable alzar la mirada y fijarnos en las agujeradas calaminas que semejan ojos lacrimosos. Y nadie quiere aliviar tanta pena.
Los puestos de carnes, flores y algunos de plásticos son los más perjudicados por la excesiva lluvia y por el poco criterio con que la administración pública maneja estos temas. Los comerciantes enfilan punterías contra el Servicio de Administración de Inmuebles Municipales de Trujillo (SAIMT) y contra la administración del mercado.
”Sólo vienen y dicen que hagamos documentos, pero no pasa nada y este lugar está así, igualito desde hace varios años”, refiere indignada Navarro Sánchez, cuyo negocio literalmente “hace agua”.

Mercado Palermo
El reportero gráfico casi se resbala debido al lodazal que intercepta nuestro paso a la entrada del Mercado Zonal Palermo. Entramos y nos encontramos con Alejandro Vargas Burgos (50) en el primer puesto de papas que encontramos. Nos dice que sus ventas han descendido considerablemente.
“Antes vendía  500 (nuevos) soles al día, pero ayer sólo he llegado a 150”. La situación es mucho más preocupante en este lugar. Las entradas al mercado están cubiertas de lodo y el interior está completamente sucio. En algunos negocios, el agua ha logrado filtrarse y humedecer las paredes, mientras que en otros, la inundación alcanzó más de cinco centímetros de altura. Es natural que las ventas bajen.

Mercado La Hermelinda

Jesucristo caminó sobre las aguas, pero dudo que se atreviera a cruzar el casi intransitable barral del Mercado La Hermelinda. Unos niños intentan jalar sus carretillas, pero sus denodados esfuerzos apenas alcanzan para tanto. La situación es parecida a la del Mercado Palermo aunque debamos añadirle el maximizado drama humano.
Los comerciantes, como en los otros dos centros de abasto, debieron utilizar todo su arsenal de escobas, escobitas, escobillones y trapos para disimular los fiascos de una prevención no aplicada. Hasta los transeúntes buscan cualquier vereda para poder caminar. Obviamente, la menos sucia.

 




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