Nuestras burrradas
Fecha: 2017-03-10 00:16:34
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Acaban de sancionar a la Empresa Mi Salvador que cubre la ruta a Chepén. La Gerencia Regional de Transportes suspendió su autorización para el traslado de pasajeros por 60 días.


Posiblemente venga otra suspensión. Esta vez, a la Empresa de Transportes Cascas por el salvajismo de trasladar a un burro en la bodega de uno de sus buses.


Me pregunto cuántas sanciones drásticas tendrán que imponerse para acabar con tanta informalidad en el transporte. Aquella que solo genera rentabilidad a algunos pero pone en riesgo nuestras vidas.


La semana pasada, en esta misma columna, pedimos una respuesta más rápida de las entidades encargadas de fiscalizar este sector y que, para ello, aprovechen las nuevas tecnologías de la información.


Pero es momento de reflexionar sobre nuestra responsabilidad, pues somos los mismos pasajeros cómplices de esa informalidad. No priorizamos los terminales y esperamos embarcar en cualquier punto de la carretera, en muchos casos, en medio de griteríos y jaloneos. Viajamos de pie, algo absolutamente prohibido para el servicio interprovincial. Nos coludimos con algunos choferes que trabajan de manera ilegal y los salvamos en los operativos. «Soy su familiar», es la bendita respuesta que escuchan los inspectores cuando les preguntan a los pasajeros si están pagando por el traslado.


Tenemos mucha culpa al querer ahorrar unos soles y llevar cualquier cosa en un vehículo de pasajeros, sin medir el peligro. En la combi que se incendió en Moche, y donde fallecieron 20 personas, se encontró un balón de oxígeno. ¡Una bomba que no llegó a explotar!


Meter a un burro en la bodega de un bus interprovincial ha sido lo más indignante que hemos visto, pero no solo es responsabilidad de los trabajadores de la empresa, sino también de los dueños del animal. Coludirnos con la informalidad del transporte es cometer una burrada. Y sería nuestra burrada.