Los problemas ambientales no tienen final feliz
Autor: - Fecha: 2017-01-08 15:11:19
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En los últimos años, nuestra región ha vivido una serie de problemas medioambientales que, lamentablemente, pese a la difusión mediática, protesta de vecinos e investigaciones fiscales no tienen visos de solución ni culpables a quién acusar. Un ejemplo de ello es la terrible contaminación que está sufriendo Trujillo debido a los pestilentes olores —al parecer, provenientes de las pozas de oxidación— que vienen provocando insufrible contaminación e incomodidad en la población.


A los largo de estos años, La Industria viene siendo testigo de la imperdonable contaminación de ríos, mares, playas, urbanizaciones, agua, aire, cultivos, entre otros elementos vitales para el ser humano por la que nadie responde ni se hace responsable. ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que las autoridades se fajen bien los pantalones e impongan su mando? El vivir con decoro, en un ambiente saludable y sin riesgo ambiental es un derecho que toda persona tiene, pero pareciera que esto poco o nada le importa al sistema de justicia estatal.


Por ejemplo, para nadie es un secreto que cada cierto tiempo los patios de las casas, habitaciones o predios abiertos se inundan de pavesa (partículas negras similares a la paja) y cenizas generadas por la indiscriminada quema de caña de azúcar que contamina la ciudad. La ropa se mancha, el aire se enrarece, el agua se ensucia y nadie dice esta boca es mía. Para colmo, lo penoso e que mientras los verdaderos culpables de esto se ríen, a escondidas, burlándose de la inepcia de las leyes, las autoridades competentes se ven atadas de manos porque ni siquiera saben cuál es la real causa de estos bemoles.


Incluso, varias veces el Ministerio Público ha informado que los procesos se han archivado debido a la falta de pruebas o por la escasa información a la que tienen acceso. Asimismo, muchas veces, cuando los magistrados ministeriales llegan a la zona del conflicto,  los hechos están consumados y no se encuentra a ningún responsable. A esto se suma una situación extraña: cuando la Policía Ecológica acude al lugar de los hechos, ni siquiera encuentra testigos.


Por tal motivo, preocupa sobremanera que la responsabilidad quede en el aire y no haya a quien imputar el hecho. Ojalá que la nueva investigación emprendida por el caso de olores fétidos no quede flotando en el aire y el Ministerio Público cumpla con informar a la ciudadanía cuáles fueron las verdaderas causas del mismo. La gente merece respeto, información y explicaciones sobre las dificultades que azotan la ciudad.